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#Niunamenos es posible

Cuando todavía nos aturde el asesinato machista de una mujer en la capital burgalesa a manos de su expareja, cometido hace tan solo unas semanas, hemos salido a la calle este viernes a gritar ‘no’ a la violencia de género. Una jornada de reflexión, de análisis sobre las causas y las consecuencias del terrorismo machista. Un día cuajado de declaraciones firmes contra esta lacra. Sin embargo, esta contundencia muta en tibieza e invisibilidad el resto del año por parte de muchas instituciones.

La violencia machista recorre todas las sociedades y hunde sus raíces en todos los territorios. Solo una lucha consciente, deliberada y constante contra ella logrará pararla. Los/as representantes públicos estamos en la obligación de dar ejemplo en la lucha contra la desigualdad entre hombres y mujeres, pero no porque se acerque una fecha o nos acabe de golpear cerca otro asesinato. Debemos incorporar en nuestra rutina esta batalla y estar convencidos/as de que este problema es de hombres y mujeres, solo así nuestra actividad política incorporará todas las actuaciones, medidas y declaraciones que eliminen la violencia de género.

Una actitud muy extendida es contemplar la violencia machista como algo inevitable y azaroso, considerar que el papel social y de las administraciones es proteger a las que ya son víctimas sin asumir que se puede aspirar a que no las haya. Pues bien, este es un objetivo factible, sí, pero solo mediante una educación inclusiva que inculque los valores de la igualdad entre hombres y mujeres se logrará que las futuras relaciones entre estos y estas tengan lugar en un contexto de simetría.

Otra de las cuestiones que no se asume es que cualquier mujer puede ser víctima y que las agresiones muchas veces no son físicas. Si interiorizamos un perfil de mujer maltratada, no sabremos detectar otras que sí lo están siendo, pero no se ajustan al estereotipo existente. Si despreciamos todo ese acoso verbal -despojado de secuelas físicas, pero de una efectividad incomparable en las psicológicas- no seremos capaces de identificar a un maltratador ni ofrecer la debida ayuda y asistencia a la maltratada.

No puede haber machismo sin desigualdad. No puede haber violencia de género sin machismo. Y de este silogismo se desprende la siguiente conclusión: sin desigualdad no habrá violencia de género. Cada día debemos personarnos en esta batalla, se libra con muchas dificultades, pero la conquista de una sociedad igualitaria lo merece. El día 25 de noviembre es una ocasión inmejorable para decidir que así sea. Una jornada en la que únicamente podemos lamentarnos de las víctimas mortales que se ha cobrado durante el último año esta violencia machista o decidir acabar con ella. Un dilema de fácil solución si interiorizamos que es posible alcanzar la victoria en el combate por el ‘Niunamenos’. Toca ahora decidir.

Esther Peña (Secretaria general del PSOE de Burgos)

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