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¿DÓNDE NOS LLEVARÁ ESTA GUERRA CONTRA EL AZÚCAR?

Seguramente, la mayoría de lectores, habéis leído o escuchado alguna noticia sobre lo elevada que es la cantidad de azúcar añadido que tomamos cada día, y por extensión la que toman cada día los niños. Bien, pues hoy no vengo a ahondar en un asunto tan azucarado, ya lo he hecho otras veces, (enlace, enlaceenlace), así como también muchos de mis compañeros de profesión; sino más bien a reflexionar sobre el impacto que están teniendo estas publicaciones, y sobre el efecto, bajo mi punto de vista, que esta guerra contra el azúcar pueda tener en la sociedad.

EL ORIGEN

Durante años, la estrategia a seguir para mejorar la alimentación de los ciudadanos ha sido limitar la ingesta de grasas, aunque en los últimos años se centraba más en moderar la ingesta de grasa tipo saturada, durante años se prohibían, controlaban las grasas en general. Hasta tal punto de ver recomendaciones que hoy nos parecen un sin sentido: limitar la cantidad de aceite o de frutos secos cuando alguien debía vigilar sus índices de colesterol.

Mientras pasaba esto, la industria, que nunca es ajena a estas “tendencias”, apostaba por reducir la grasa originaria de sus productos, dando lugar a los alimentos desnatados, 0,0%, o light. Productos a los que en la mayoría de ocasiones, para contrastar su pérdida de textura o sabor, se les añadía azúcar, un nutriente mucho menos escandaloso a la hora de especificar el valor nutricional (las calorías) del alimento en cuestión.

EL PRESENTE

Esos tiempos por suerte han pasado, el conocimiento ha avanzado, pero el legado de la industria de los años anteriores no es algo que se pueda borrar de la noche a la mañana. Siguen vendiéndose con éxito alimentos 0,0 por ejemplo, o hay conceptos desactualizados que siguen en las conciencias de la sociedad. Sin embargo, por suerte, cada vez está más extendida la idea de que consumimos demasiados alimentos con alto procesamiento industrial, que responden de manera común a una alta dosis de azúcar añadida, dando como resultado una ingesta diaria final mucho más alta de lo que predican las directrices de salud de la OMS, sin ir más lejos. Digamos que anda el río revuelto:

    • sinazucar.org publica a diario imágenes como esta mostrando el contenido en azúcar en forma de terrones

      sinazucar.org publica a diario imágenes como esta mostrando el contenido en azúcar en forma de terrones

      Publicaciones y “programas de investigación” sobre el contenido en azúcar de los alimentos. Seguro que habéis visto alguna de las imágenes que sinazucar.org cuelga de forma diaria en su página para evidenciar de una manera visual este hecho. Se trata de fotógrafo que retrata un alimento y la correspondencia del contenido en azúcar en forma de terrones. Salvo por alguna carencia en cuanto a educación nutricional y diferencia con el tamaño de la ración, reconozco que es una herramienta útil para un amplio sector de la población muy ajena a esta realidad.

    • Asociaciones de salud, que dicen que no hay preocuparse, que el asunto no es de tanta enjundia, cuyos sellos y patrocinios aparecen en cajas de galletas, zumos, etc.
    • Al ritmo que aparecen un montón de “nuevos azúcares”, que oye, si lo que hay que reducir es el azúcar… pues cambiémosle el nombre y listo.

EL FUTURO

Turbio, muy turbio, seguramente dulce y de final amargo.

MI REFLEXIÓN

Bien pues creo que no hemos aprendido nada. Hace unos años la estrategia con las grasas fue errónea y logro cosas como por ejemplo, que se sustituyera la mantequilla, por un nuevo alimento untable llamado margarina, y que resultó tener un impacto todavía peor. Bueno pues, salvando las distancias esta situación parece tomar el mismo color. Seguimos sin educar a la población, no se trata de buscar el mal menor. Azúcar es azúcar, se llame “sirope de”, almidón modificado de”, “jalea de”, melaza, “jarabe de”, “maltodextrina”… por tanto buscar otro sustituto no es menos malo, porque sigue siendo azúcar, y sobretodo, porque sigue sabiendo dulce, es decir disfrazando el sabor natural del alimento y manteniendo nuestro umbral de dulce muy alto.

Eso por parte de la industria. ¿Y por parte de los que tenemos una responsabilidad en eso de educar en hábitos alimentarios? Mostramos el azúcar de los alimentos procesados, al ritmo que crecen las tasas de obesidad, especialmente obesidad infantil y en la adolescencia (principales consumidores del producto diana), luego algo está fallando.

Por mi parte estoy totalmente de acuerdo en el mensaje: “consumimos azúcares añadidos por encima de nuestras necesidades”. Y no, no me vale eso del cerebro necesita azúcar, también necesita sueño reparador y actividad física y no parece que te empeñes tanto en dárselo. Ese azúcar que alegamos necesitar, se puede obtener de otras fuentes alimentarias diferentes de los alimentos azucarados: fruta, vegetales, lácteos… incluso de alimentos de origen proteíco, por tanto del verbo necesitar… nos olvidamos.

Sin embargo, lo que he visto con otras “guerras nutricionales” me hace pensar que seguimos mandando mensajes en negativo, sirven durante un momento determinado para hacer mucho ruido, pero pasada la polémica inicial, nada de nada. Es cierto que con una industria alimentaria tan audaz y “perturbadora” no nos queda otra que andar al acecho, pero eso hace que los mensajes en positivo dejen mucho menos rastro.

Por ejemplo, el año pasado fue el año de la FAO para las legumbres… ¿a cuántas personas llegó ese mensaje? ¿Y si lo comparamos con cuántas personas han visto el contenido en azúcar de los productos que consumen? Y de esta forma un sin fin de temáticas: hace un par de años llegó la fiebre de los batidos detox porque se suponía que estábamos intoxicados, pero ni rastro de lo bueno que podía ser incorporar todos esos alimentos del batido a nuestra alimentación diaria, sin ánimo de detoxificar nada. O la moda de prescindir todos del gluten, pero poca información sobre el alto consumo que se hace de cereales refinados. Muchas veces cuando hablo de la alta ingesta de carne, me doy cuenta de muchos ni siquiera recuerdan los titulares de hace algo más de un año, sobre su relación con una mayor incidencia de cáncer de colón, ¡cómo para esperar que de aquello quedará claro que consumimos muchos alimentos de origen animal, que están desplazando a una ingesta de vegetales suficiente!

Al final mensajes con alto contenido polémico desplazan a mensajes mucho menos seductores, pero con más impacto sobre nuestra alimentación. Echo en falta campañas en positivo, enseñar a la sociedad a cocinar con alimentos reales, a disfrutar de sabores reales y que los niños vean en casa alimentos reales. Y cuando hayamos logrado este paso, el contenido de azúcar de un alimento procesado, en forma de número de terrones de azúcar, pasará a ser anecdótico porque nuestros hogares ya no tendrán un armario lleno de estos alimentos, esperando a que sea elegido el menos malo o el que menos terrones tenga.

 

Andrea Izquierdo Gil, tu nutricionista de confianza

Sobre el autor

Andrea Izquierdo Gil, Diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad del País Vasco (UPV). Especialista en Nutrición Clínica por la Universidad de Cádiz. En 2013 cursé el Máster en Nutrición y Salud, también en la UPV, pudiendo desarrollar un proyecto experimental junto al grupo de trabajo "Nutrición y Obesidad" de la misma universidad. En 2014 me certifiqué como Docente de la formación para el empleo. En los últimos meses ha comenzado una aventura empresarial como dietista-nutricionista clínica en una consulta privada, dónde se compaginan las consultas con las charlas, cursos y talleres de educación nutricional.


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