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Luis Marcos

La Tenada del Común

Burgos, capital de la Lengua

Todas las ciudades y todos los territorios pugnan a la hora de identificar ventajas para competir a la hora de atraer inversiones, turistas o simplemente, incrementar su visibilidad, en un mundo global, donde los mensajes se multiplican exponencialmente, y cada vez se hace más difícil conseguir una mínima cuota de reconocimiento.

Burgos es conocida por muchas razones, fuera de los límites de nuestra provincia, por su espectacular catedral gótica, como cuna de los yacimientos paleoantropológicos de Atapuerca, por ser una etapa singular del Camino de Santiago, o desde una perspectiva gastronómica por sus vinos de Ribera, su lechazo asado o productos como la morcilla o el queso fresco. Desgraciadamente otros productos turísticos burgaleses de un valor excepcional, como los yacimientos de icnitas de la Sierra de la Demanda, el conjunto de románico rural del norte de la provincia o la singularidad de su arquitectura tradicional, por citar solo algunos casos, son todavía algo reducido al interés de los más iniciados.

Una de las joyas desconocidas de nuestra provincia se refiere a un elemento inmaterial de nuestro patrimonio, la lengua castellana, cuyo potencial impacto económico podría dejarnos estupefactos.

El castellano es hablada, como primera lengua, por más de 440 millones de personas en todo el Mundo, es lengua oficial en 18 países y co-oficial en otros tres, y es la segunda lengua más estudiada en todo el mundo, por detrás del inglés. Su enseñanza a extranjeros genera al año en España un volumen de negocio de 462 millones de euros y da empleo estable a 5.500 personas, que aumentan hasta 9.500 los meses de verano, y es una industria que atrae a 240.000 extranjeros al año a España, y con enorme potencial de crecimiento por la creciente difusión que el castellano experimenta en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos y Brasil.

Nuestra lengua cotiza, por tanto al alza, cada vez atrae a más personas, y genera más rentabilidades económicas, culturales y socio-políticas. Desgraciadamente, Castilla y León, con la excepción de Salamanca, no ha sabido pilotar su protagonismo en la enseñanza de la Lengua Castellana, que creó y desarrolló social, cultural y literariamente. Burgos, donde se escribieron los Cartularios de Valpuesta en el 804, donde surgió la palabra Castilla en Taranco de Mena en el año 800, donde, se crearon las Glosas Silenses, donde el Romancero alcanzó su máxima expresión (Poema del Mío Cid, Poema de Fernán González, Poema de los Siete Infantes de Lara, La Celestina,…), no puede ser ajena a esta industria cultural emergente, que generaría espectaculares sinergias con nuestros Patrimonios de la Humanidad (Camino de Santiago, Catedral de Burgos, yacimientos de Atapuerca), con el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, con la Universidad de Burgos, con el Museo del Libro “Fadrique de Basilea” y con muchos de los proyectos que en clave cultural se gestan en las diferentes localidades de nuestra provincia.

Estudios realizados hace un par de años, analizan el impacto económico que la implantación en Burgos de la Capital de la Lengua tendría para la ciudad, cuantificando los retornos económicos a la ciudad en 125 millones de euros anuales, cifra que crecería hasta los 150 millones de euros para 2018, y supondría además la creación de más de 500 empleos fijos en el sector cultural y turístico. Estas cifras denotan que la Lengua Castellana, entendida como industria cultural de pujante futuro es un tren económico que ni Burgos ni el conjunto de Castilla y León debe dejar perder. Se trata además de una actividad económica no contaminante, ni sucia, que requiere modestas inversiones iniciales y que profundiza en un ámbito económico vinculado con la cultura y las nuevas tecnologías que deben ser uno de los motores para la salida de la crisis económica en Burgos y Castilla y León.

La configuración de Burgos como Capital de la Lengua Castellana, contribuiría a desarrollar iniciativas de dinamización económica y creación de empleo vinculadas a los vectores de desarrollo singulares de la Comunidad de Castilla y León como son el Patrimonio Cultural, el Medio Natural y la Lengua Castellana.

La cuantificación del impacto económico de convertir a Burgos en la Capital de la Lengua Castellana, es siempre algo controvertido, pero los posibles retornos económicos de esta iniciativa, se centrarían en los siguientes aspectos:

Por un lado, hacer de Burgos una ciudad referencia de la enseñanza del castellano a extranjeros, atrayendo a nuestra ciudad aproximadamente unos 20.000 estudiantes anuales (el 8,3% del total que llegan a España actualmente), con un crecimiento anual del 10%, y un impacto económico de 40 millones de euros anuales en la ciudad. Asociado a lo anterior habría que apostar por convertir Burgos en el lugar de referencia en la formación de profesores de lengua castellana, tanto a través de las Escuelas de Idiomas existentes, de la Universidad de Burgos y del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, formando a 1000 profesores anualmente, con un impacto económico anual en la ciudad de Burgos de 20 millones de euros.

En una tierra donde tanto nos gusta la Historia, deberíamos recuperar el protagonismo histórico de Burgos en la edición de libros de texto en castellano, tanto para el aprendizaje de estudiantes de nuestro país como de estudiantes extranjeros, tanto en formato de papel como en formato electrónico, creando y potenciando la marca “impreso en Burgos, la cuna del castellano”, como distintivo de calidad en el mundo de la edición, con un impacto económico en Burgos que podría situarse en los 10 millones de euros anuales.

No podemos olvidar la figura del turismo cultural “El turismo del Castellano” a través de rutas literarias de autores y de obras y de lugares históricos vinculados a la Lengua, que especialmente articularían el territorio provincial, a través de rutas que crearan actividad económica y empleo en un medio rural atenazado por la despoblación y el envejecimiento, con un impacto económico puede cifrarse en unos 12 millones de euros anuales. No nos cuesta imaginar, al menos, las siguientes rutas: Los orígenes de la Lengua (Valpuesta, Taranco de Mena, Oña y norte de Burgos), el Mío Cid (Vivar, Burgos, Cardeña, Ruta del Destierro,…), Fernán González y Los Infantes de Lara (Tierras de Lara, Covarrubias, Arlanza, Salas de los Infantes, Sierra de Burgos), la Generación del 98 en Burgos (Baroja, Azorín, Manuel y Antonio Machado, Unamuno,…), los Monasterios de la Lengua (Silos, Oña, Lerma, Arlanza, La Vid), o la ruta de los Escritores de la segunda mitad del siglo XX (Delibes, Ridruejo,…).

Posicionar a Burgos, como Capital Oficial de la Lengua Castellana, concitaría a nuestra ciudad como sede de Congresos de Lengua y Literatura Castellana, en el ámbito de la docencia y de la investigación, a nivel nacional e internacional. La reciente inauguración del Palacio de Congresos y Auditorio de Burgos puede relanzar este protagonismo para nuestra ciudad. La realización en esta temática de cuatro grandes congresos anuales y de otros diez de dimensiones medias o pequeñas generaría en Burgos la presencia anual de unos 8.000 congresistas anuales, con un impacto económico de 8 millones de euros anuales.

El impacto sobre el sector cultural, hostelero y turístico de Burgos y su provincia, como consecuencia de la declaración de Burgos como capital de la Lengua Castellana sería extraordinariamente positivo y reforzaría las sinergias con los otros vectores de atracción de turistas a nuestra ciudad (Catedral, Camino de Santiago, Yacimientos de Atapuerca y Museo de la Evolución, Turismo Cultural, Monumental, Natural, Cinegético y Gastronómico). Un incremento de 100.000 turistas al año en el número de visitantes a nuestra ciudad y provincia, generaría unos retornos económicos de 25 millones de euros.

Otro aspecto complementario, pero de indudable trascendencia económica sería materializar la propuesta del PARTIDO CASTELLANO (PCAS) de crear la Consejería de la Lengua Castellana, y ubicarla en Burgos, como reconocimiento a la importancia de la Lengua en nuestra Comunidad y para coordinar todas las actuaciones en esta materia, como primer avance de un reclamado proceso de descentralización administrativa de las instituciones de la Junta de Castilla y León como camino a la vertebración social y territorial de la Comunidad Autónoma. Obviamente, en estos momentos de crisis económica, debería tratarse de una Consejería “a coste cero”, unificando y coordinando servicios actualmente dispersos en la promoción del castellano, en las Consejerías de Economía, Cultura, Educación, Turismo y Promoción Exterior, trasladando de forma voluntaria a los empleados públicos que trabajan en estos ámbitos a esa nueva Consejería con sede en Burgos.

Estamos acostumbrados a convivir con las situaciones más cotidianas, sin darles la menos importancia. Quizás el potencial económico de la lengua que nos han enseñado nuestros padres y madres, nos ha pasado hasta ahora inadvertido, pero tiene un potencial económico para crear riqueza y retener a nuestros jóvenes, absolutamente inesperado.

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