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Luis Marcos

La Tenada del Común

Castilla y León y el Informe PISA

Estamos acostumbrados a vivir en una tierra áspera y dura, como la de Castilla, donde las malas noticias son lo habitual y donde el pesimismo enraíza con la facilidad de las malas hierbas en los barbechos. Hablamos en Castilla y León de los 25.000 habitantes que perdemos cada año, de que somos la región más envejecida de la Unión Europea, de que nuestro enorme patrimonio monumental y cultural se desmorona y expolia, de que nuestros jóvenes abandonan nuestra tierra por decenas de miles cada año buscando un horizonte menos incierto más allá de nuestras lindes, de que nuestros pueblos son meros geriátricos a cielo abierto con inminente fecha de extinción, de las infraestructuras prometidas que nunca llegan, de que nuestros políticos son siervos sumisos y obedientes al poder central…

Y sin embargo, hoy quiero dedicar estas líneas de ‘La Tenada del Común’ a la buena noticia de esta semana: Castilla y León encabeza la clasificación de la calidad educativa en la Enseñanza Secundaria en España, tal y como mide el Informe PISA. Los datos corresponden a las pruebas realizadas en todos los países de la OCDE en 2015, pero son una constante desde que entró en 2003 en este gran examen internacional.

A pesar de que soy de quienes piensan que poco “pecho” debe sacar el Consejero de Educación de la comunidad autónoma ante estos resultados, sí que considero que son extraordinariamente relevantes, pues tener una ciudadanía, especialmente en sus estamentos más jóvenes, que roza la excelencia educativa, es una de las pocas fortalezas que podemos exhibir ante un futuro cada vez más incierto… Y si la política del PP al frente de la Junta de Castilla y León pocos méritos puede atribuirse en el satisfactorio nivel que muestran nuestros adolescentes, me parece razonable indagar un poco en las causas de los resultados que ofrece el Informe PISA en esta meseta norte castellana.

Y es que Castilla y León se ha convertido en el paradigma del éxito educativo, en un país donde los lamentos por nuestro retraso académico son constantes. Así, nuestra comunidad autónoma es la primera de España en Ciencias (la materia que pesa más en esta edición) y en comprensión lectora y ocupa el segundo lugar en matemáticas, solo por detrás de Navarra. Y todo pese a no ser una de las regiones más ricas (tiene 1.300 euros menos de renta que la media nacional) ni de las que más invierte en educación (está casi mil euros por encima de la media en gasto por alumno, pero es debido fundamentalmente a la fuerte dispersión por la proliferación de escuelas rurales con pocos alumnos).

De hecho, el País Vasco, la comunidad que más recursos económicos de dedica al sistema educativo, gasta por alumnos unos 9.000 euros al año, frente a los 6.000 euros anuales de Castilla y León. Con una renta baja, con pocos recursos económicos y con la singularidad de la dispersión… ¿dónde buscamos las claves del éxito educativo de Castilla y León? No hay certezas, pero hay indicios… Una tierra donde el analfabetismo ha sido históricamente bajo en la época de nuestros abuelos y bisabuelos, donde nuestros mayores, aunque fuera brevemente fueron a la escuela hasta saber hacer las cuentas, leer y escribir, donde había libros, aunque fueran pocos y de contenido discutible en todas las casas, donde se ha respetado la cultura y el saber.

Una tierra, la de Castilla y León, que ha dado el mayor porcentaje de maestros y funcionarios al estado, desplegándolos por todo el país, y emitiendo el mensaje de que estudiar, saber y aprobar una oposición era algo útil, para uno y para todos.

Aún así nos quedan retos pendientes en el sistema educativo de Castilla y León… ya que contamos con un insoportable nivel de fracaso escolar, y hay que habilitar medidas para que ese casi 30% de los alumnos que son expulsados de las aulas por sus bajas calificaciones encuentren formas de reincorporarse a la escuela. Además es urgente, planificar nuestro sistema escolar rural frente a la hecatombe demográfica que se avecina en nuestros pueblos… porque pronto nuestras escuelas e institutos rurales no tendrán suficientes alumnos para las “exigencias mínimas” que imponen las administraciones estatales y autonómicas, y sin escuelas, ni institutos, ni niños, ni adolescentes… nuestro territorio carecerá de futuro.

Y quizás, nuestro mayor reto es retener a las decenas de miles de jóvenes que se marchan de nuestras nueve provincias cada año para buscar un futuro laboral y económico y que en la mayor parte de los casos nunca retornarán; ello exige un cambio del modelo productivo en esta tierra de interior, siempre pendiente, y una mayor vinculación entre lo que se aprende en la escuela, en el instituto y en la universidad, y lo que requiere el mundo económico a los profesionales que demanda.

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