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Luis Marcos

La Tenada del Común

El agua y Castilla

Hace escasos días, el pasado 22 de marzo conmemoramos el Día Mundial del Agua, establecido desde el año 1993, a iniciativa de Naciones Unidas, como un medio de llamar la atención a la ciudadanía y las instituciones sobre la importancia del agua dulce y la necesidad de una gestión sostenible y ambiental de los recursos hídricos. La edición de 2017 ha tenido como ámbito de referencia la urgencia de un tratamiento adecuado y ambiental de las aguas residuales.

El agua dulce es un recurso escaso, desigualmente repartido en el mundo e imprescindible para la vida de la población, el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria, así como para el funcionamiento de los ecosistemas. Hoy la accesibilidad al agua dulce por miles de millones de personas está amenazada por los efectos del cambio climático, la contaminación y la dificultad para acceder a infraestructuras de captación y distribución de aguas potables y depuración de aguas residuales en muchas partes del planeta.

Castilla no es una excepción de nuestra necesidad de preocuparnos por la disponibilidad y calidad de las aguas. A pesar de ser un territorio con extensas comarcas con muy poca población, precisamente esa dispersión hace complejo el ofrecer un agua en cantidad y calidad suficiente para las necesidades de todos los pueblos; la misma razón está detrás de la deficiente depuración de las aguas residuales que se percibe en muchas localidades.

Así mismo, en Castilla, las aguas superficiales y subterráneas están amenazadas por numerosos focos contaminantes: vertidos, excedentes de los fertilizantes inorgánicos, depósitos de residuos, etc… deterioran la calidad de las aguas y en muchos casos hacen imposible su utilización.

Se hace urgente cerrar el ciclo integral del agua en el conjunto de todo el territorio castellano, proporcionando agua de calidad, depurando totalmente las aguas residuales generadas, reutilizando las aguas tratadas y extendiendo una nueva cultura del agua que contemple a los recursos hídricos como una parte imprescindible de nuestra reconciliación con la naturaleza y el paisaje y no solo como una mera materia prima a la que exprimir sin misericordia hasta la extenuación.

Hoy la gestión del agua debe incluir los usos ambientales como una de sus prioridades, y Castilla, formada por mesetas áridas rodeadas por boscosos e interesantes macizos montañosos debe asumir este reto con convicción.

Castilla padece además el expolio de sus recursos hídricos, que no puede gestionar como debiera por falta de competencias. Así, en nuestro territorio padecemos, desde hace casi 40 años la mayor aberración hídrica de toda la península Ibérica: el Trasvase Tajo-Segura. Un robo intolerable del agua de Castilla que ya ha supuesto la esquilmación de casi 9.000 hectómetros cúbicos de agua hacia Levante, sin compensación, robando a una zona como el Alto Tajo, despoblada y empobrecida, para favorecer desarrollos urbanísticos insostenibles en la comunidad murciana.

Corrijamos pronto este error e impidamos que pronto en el Duero o en el Ebro se cometan barbaridades similares.

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