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Javier Gil García

Una historia a cuestas

Queda inaugurado… este Teatro

A comienzos del siglo XIX, zarpaba un barco del puerto de Buenos Aires con un niño a bordo que gritaba desde la cubierta: “Ciudadanos, ¿consentiréis que se destierre a un argentino de su patria, a la fuerza, y contra su voluntad?”. Era Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas, y su familia, por expreso deseo del progenitor en su lecho de muerte, había decidido que se educara en España alejándolo del proceso de independencia argentino, lo cual provocó las protestas del niño encaramado a la borda.

Con el tiempo, el carácter del niño se apaciguó y, ya conocido como Ventura de la Vega, en España llegaría a ser profesor de Isabel II además de escritor y dramaturgo. Por ejemplo, de su comedia “El hombre de mundo” la frase, “Todo Madrid lo sabía,  todo Madrid menos él” se ha trasladado como coletilla popular al imaginario colectivo. Otro de sus trabajos consistiría en hacer el libreto de “El estreno de un artista”, una zarzuela cuya música sería compuesta por el tudelano Joaquín Gaztambide.

Esa pieza sonaría el 4 de abril de 1858 en la inauguración de un Teatro burgalés que, en sus inicios, sería más conocido como “Municipal” o “Nuevo”, que con el nombre que hoy luce en su fachada: Teatro Principal. Ese día se celebraba el Domingo de Resurrección y quizá fue profética aquella coincidencia puesto que, más de un siglo después, sería el propio edificio quien habría de resucitar tras más de cincuenta años en los que, desgraciadamente, sí estaba muerto y no de parranda.

Hoy por tanto, se cumplen ciento sesenta años desde que por ese escenario comenzara un magnífico desfile de artistas y fantasías que, por suerte y salvado aquel fatídico paréntesis, a día de hoy sigue regalando motivos para soñar a burgaleses/as y visitantes. No esperemos grandes (ni pequeñas) celebraciones al respecto (las del veinte aniversario de la reapertura que tuvo lugar el año pasado, fueron de una levedad insoportable) así que tendremos que tomarlo como aquel abuelo o aquella madre que, en lugar de regalos de cumpleaños, prefiere “que vengáis a visitarme más a menudo”.

Y, en realidad, como dijera el cantautor “nos sobran los motivos” porque el Principal, desde antes de inventarse la palabreja, ya era un edificio multifuncional (y también se le conoció como “Coliseo”): teatro y conciertos por supuesto, pero también conferencias en la sala Polisón, bodas y eventos en el Salón Rojo, una biblioteca con un fondo teatral de relumbrón, dependencias del IMC e, incluso, un ajustado hueco para que el señor Gigantillo y la señora Gigantilla puedan pasar los inviernos junto a gigantones y gigantonas para contarse batallitas  por las noches, y lucir palmito unas poquitas horas a la semana.

Quizá no fuera mala idea organizar unas visitas guiadas por los múltiples recovecos que hay más allá (y detrás, y debajo) del escenario. Así sea porque, quien contempla el teatro desde las tablas, lo siente un poquito más propio. Y, por empatía, en la próxima ocasión que acudan ya como público, quizás entonen aquella estrofa de “El estreno de un artista”: “No hay motivo, no hay motivo / para tanta desazón: / han tocado vuecelencias / con muchísimo primor”.

 

Ah, para los/as más jóvenes: sí, justo enfrente de la puerta había unos baños públicos subterráneos. No hace tanto de aquello. ¿O sí?

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"Nunca estás jodido verdaderamente mientras tengas una historia a cuestas y alguien a quien contársela" (Alessandro Baricco)

Sobre el autor

Cuentero, gestor y agitador cultural, dicen que poeta. No vivo del cuento pero sí para el cuento.Creo en los Reyes Magos y en las estrellas de mar. De mayor quiero ser Mario Benedetti. Y Gloria Fuertes.

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