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Javier Gil García

Una historia a cuestas

El resto de su tiempo

Seguro que han escuchado varias veces (y en diferentes versiones) esa historia en la que un/a peque pide como regalo de cumpleaños o de Reyes Magos que sus padres pasen más tiempo jugando con él/ella. Ciertamente, si los regalos han de ser valiosos, no hay muchas cosas que sean más preciadas que el tiempo… especialmente si lo vamos a invertir en jugar, claro.

No descubro nada si digo que cuanto más escaso sea algo, más preciado es y que, por eso, el tiempo se nos antoja casi un artículo de lujo. Nos ocurre con familiares, amistades y personas varias que te cruzas en la vida y cuya compañía te serena el alma… (o te la acelera, que para todo hay un momento). Personalmente, yo lo llevo fatal. Administro mi tiempo libre de manera errática e impulsiva y siempre siento que mi columna del “debe” tiene una longitud kilómetrica convirtiéndose en una deuda que no sé si alguna vez podré enjugar.

Eso sí, a veces hago trampas. Y regalo tiempo del bueno, de disfrute y regocijo. En ocasiones de carcajadas, otras veces de emociones y otras de aprendizaje. Me refiero a que, para mí, recomendar (y/o regalar) un buen libro, una película interesante, un disco, etc, me lo tomo como regalar esos minutos u horas de placer literario, musical… a esa persona.

Por eso me hace especial ilusión encontrarme de vez en cuando con uno de esos libros (en este caso) que te cuenta una historia hermosa, de las que te acarician por dentro. Una novela que te despierta sonrisas de las dos clases: las que llevan carcajada y las que hacen que la comisura recoja una lagrimilla en ocasiones: El resto de sus vidas” de Jean Paul Didierlaurent.

Los personajes de Didierlaurent, tímidos, inesperados, desapercibidos, tejen una serie de “eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” que precisamente por sencillos y habituales, nos generan una dulce empatía y el nada reprochable anhelo de ser protagonistas de algo similar. Una idea cercana a lo que hizo con “El lector del tren de las 6.27”, pero, en esta ocasión, dándole un lustre de esperanza a temas en principio avocados a lo deprimente.

En la imagen que corona estas líneas verán una cita del libro que habla de ternura, como la que desbordan estas doscientas cincuenta páginas. Habrá a quien le parezca que la ternura es un argumento escaso o vacuo y que esta novela es poca cosa por previsible y sentimental, pero vivimos tiempos obtusos en los que parece más importante rebozarse en superioridad, odio y megalomanía.

Y sobre personas deseables o indeseables, me quedo “con la idea ingenua y absurda de que una persona que come pasteles no puede ser completamente mala“, una cita extraída del libro y con la cual podríamos celebrar ordalías en Los Bizcochos de Carol, por ejemplo, para comprobar la maldad intrínseca de quienes nos levanten sospechas. Quizás la prueba no sea muy científica, pero sería un proceso de lo más dulce.

Mientras tanto, no dejen de regalar todo el tiempo posible y cuídense de quienes no busquen la ternura. Ah, y no acepten consejos de cuenteros que arrastran historias a cuestas… 😉

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"Nunca estás jodido verdaderamente mientras tengas una historia a cuestas y alguien a quien contársela" (Alessandro Baricco)

Sobre el autor

Cuentero, gestor y agitador cultural, dicen que poeta. No vivo del cuento pero sí para el cuento.Creo en los Reyes Magos y en las estrellas de mar. De mayor quiero ser Mario Benedetti. Y Gloria Fuertes.

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